LUCIEN MORETTI
Me recargué en el respaldo de la silla, con la mirada fija en el escritorio. Las manos entrelazadas, el corazón aún palpitando un poco más rápido de lo normal. Mi padre, me había llamado la atención. Las voces resonaban en mi mente, los reproches sobre cómo estaba manejando a mis hermanas. La preocupación por ellas estaba justificada, claro, pero a veces sentía que se olvidaban de todo lo demás que también estaba en juego. No podía permitirme ser solo un hermano. La familia Moret