JOSH MEDICCI
Golpeé mi puño contra la pared.
No podía más.
Había pasado el día encerrado en mi habitación como un maldito cobarde. Pensando. Evitando. Esperando que el dolor pasara solo.
Pero cuando la vi…
Cuando Marie pasó junto a mí en el pasillo, con la mirada baja, sin decir nada…
Su silencio fue más fuerte que cualquier grito.
Tenía que hablar con ella. Tenía que arreglar esto. ¿Qué pasaba si Lucien decidía enviarla a América y no la volvía a ver? Ella no se podía ir pensando que fue un er