JOSH MEDICCI
Caminé por el pasillo sin mirar atrás.
Cada paso que daba se sentía como una maldita condena.
—Ya no está a tu cargo.
La voz de Lucien seguía resonando en mi cabeza como un eco cruel.
Y la peor parte no había sido la orden.
No.
La peor parte fue ver su rostro cuando me lo dijo. Esa mirada que lo decía todo: Marie había pedido que me apartaran. Que otra persona la protegiera. Que yo desapareciera de su vida.
Mis dedos se cerraron en puños.
Lo entendía. Tenía todo el derecho a estar