ADELINE DE FILIPPI
Había corrido todo el día de un lado a otro, pero no me importaba. Era el cumpleaños de mis hermanos, y no había nada en el mundo que me hiciera más feliz que verlos sonreír como cuando eran niños.
La casa estaba llena de vida. Globos, guirnaldas, mesas repletas de bocadillos, y Armando... corriendo con una lista interminable de tareas como si se tratara de un matrimonio real y no una fiesta de cumpleaños.
—¡Ese pastel no va ahí! ¡Esa mesa es para las fotos! —gritaba mientras