NOAH
Las calles estaban tranquilas. Demasiado.
La ciudad parecía ajena al huracán que tenía dentro.
Caminaba sin prisa, pero con el corazón agitado. Cada paso me alejaba de ella, y aún así, sentía que la llevaba pegada en la piel. Su perfume seguía en mi camisa. Sus dedos seguían enredados en mi memoria. Y sus ojos…
Esos malditos ojos grises.
Cansados de fingir que no dolía.
Llenos de orgullo.
Llenos de amor.
Amor por mí.
Me pasé una mano por el cabello, frustrado. Maldito sea todo. ¿Por qué no