MARIE MORETTI
Tener a mamá en la cocina era como encender la chimenea en invierno: todo cambiaba. El olor a café y tostadas ya era bueno, pero con su risa y su forma de hablarlo todo… se sentía distinto, más lleno.
Yo seguía regañando a Josh por haberse levantado, pero ella lo defendía con esa voz dulce que en realidad no deja lugar a discusión. Y ahí estaba él, con su sonrisa tranquila, como si no supiera que yo le había dicho que no se moviera de la cama.
Me mordí la lengua para no sonreír. No