Poniendo en cintura a los yernos.
JOSH MEDICCI
El golpe en mi hombro palpitaba con cada movimiento, recordándome que, aunque seguía vivo, había estado demasiado cerca de no estarlo. La herida ya estaba limpia y vendada, gracias a Marie, pero el dolor no era nada comparado con lo que sentía ahora mismo, sentado frente a la puerta cerrada de mi habitación, esperando.
Esperando a Lucca Moretti.
El sonido de sus pasos por el pasillo era inconfundible: firmes, seguros, con ese ritmo que no necesitaba anunciar quién venía, porque ya i