Kate con vida, y con otro latido.
Kate despertó entre algodones y luces tenues. Su cuerpo dolía, pero no como antes. No era el dolor de los químicos ni de los grilletes. Era el vacío que había dejado la oscuridad… hasta que lo vio.
Bastien estaba allí, sentado en la butaca junto a la cama, con la camisa negra y algunas curaciones en su cara y brazo y los ojos fijos en el suelo esperando que Kate despertara.
—Bastien… — su voz era apenas un suspiro.
Él se levantó como un rayo y cayó de rodillas a su lado, tomando su mano con una