Mundo ficciónIniciar sesiónA la mañana siguiente Kate bajó la escalera, escuchaba ruidos en la cocina, entró y estaba Bastien tratando de cocinar con una mano.
—M I E R D A…
—¿Te ayudo? —la voz de Kate hizo que Bastien se quedara helado, pero no volteó a mirarla.
—¿Qué haces aquí? Le dije a Lucca que te informara que ya no es necesario que bajaras… ay…
—Déjame ayudarte, él dijo que no era necesario si yo no quería, pero ahora quise bajar —Kate le quitó la cuchara con la que revolvía los huevos y miró sus hermosos ojos color miel—. Siéntate, yo termino.
—¿Qué te hizo cambiar de parecer? Ayer me odiabas.
—Aún te odio, solo tengo hambre. —Bastien sonrió por su comentario, sabe que muy en el fondo Kate está empezando a quererlo. Kate preparó el desayuno, incluso hizo sus galletas. Bastien tomó una y Kate le pegó en la mano—. Espera, están calientes.
—Pero huelen bien.
—Lo sé, las hice yo.
Bastien sonrió al escuchar esas palabras. Kate se levantó al refrigerador por leche y Bastien aprovechó de comer una galleta y, efectivamente, estaban calientes. Empezó a boquear para enfriarlas.
—Eres porfiado, te dije que estaban calientes. —Kate empezó a soplar su boca. No se dio cuenta en qué momento estaba tan cerca de él que podía sentir su respiración. Miró sus ojos miel y se alejó, sirvió un vaso de leche fría y se lo pasó—. Toma, esto te ayudará.
Bastien lo bebió y tragó la galleta.
—Está deliciosa.
—Lo sé, yo las hice, y todo lo que yo hago, lo hago bien.
Bastien tomó otra y la miró con una sonrisa nostálgica, la llevó a su boca y la saboreó. Tomó otro sorbo de leche, tomó otra y la untó en la leche y luego la comió. Kate lo miró fijo al hacer eso, esa era la manera que tenía su amigo de comerse sus galletas.
—¿Dónde aprendiste a comerlas así?
—Mucha gente las come así. —Kate miró su vaso de leche y dio un sorbo.
Bastien comió la galleta en silencio, mientras Kate lo miraba. Su amigo de la infancia comía la galleta de la misma manera, le encantaba mojarlas en leche, tenía los mismos gestos y la misma mirada en sus ojos cuando las comía. Kate sacudió esos pensamientos que la habían estado rondando, no podía ser su amigo, Bastien era un desalmado mafioso, en cambio su amigo era dulce y tímido.
—¿Cómo está tu mano?
—Mejor.
—Solo los tontitos golpean las paredes, ¿sabías?
—Perdón, es solo que tú me llevas al límite.
—Pudiste golpearme a mí, te dolería menos. —Bastien levantó la mirada impresionado.
—Jamás te haría daño, Kate, jamás te levantaría la mano. —En eso entró Lucca y vio las galletas.
—¡¡Galletas recién horneadas!! —fue a tomar una y Bastien golpeó su mano.
—¡¡Son mías!!
—¿Cómo que tuyas? Yo las hice. —Kate tomó una y se la pasó a Lucca—. Toma, Lucca, come una.
Lucca la devoró.
—Mmm, están deliciosas.
—Lo sé, yo las hice y todo lo que hago, lo hago bien.
—Qué humilde. —Kate por primera vez rió desde que fue secuestrada. Bastien la miraba con adoración, mientras ella sonreía, él también lo hacía. Kate giró y lo vio sonriendo, tenía la sonrisa más dulce que jamás había visto, aclaró su garganta.
—Bueno, me voy, ya terminé de desayunar, permiso.
—¿Dónde vas?
—A mi habitación.
—La casa es completamente tuya, puedes caminar por ella, no es necesario que te encierres en tu habitación.
—La última vez que salí casi me violan “otra vez”, no quiero salir.
—Nadie volverá a entrar, di órdenes específicas.
—Lo pensaré. —Kate se fue y Lucca aprovechó de tomar otra galleta.
—¡Oye! ¡Suelta eso! ¡Es mío!
—¡No! —Lucca corrió con la galleta en la boca fuera de la cocina. Bastien miró el tazón de galletas, pasando su dedo sobre ellas—
—Pensé que jamás volvería a comer galletas, son deliciosas.







