ANNELISSE DE FILIPPI
No sospeché nada. De verdad, nada.
Addy me había invitado a almorzar con esa vocecita dulce que solo usa cuando está tramando algo. Pero como Silvano ya estaba mejor y queríamos salir un poco, acepté sin pensar demasiado.
Íbamos de la mano. Él caminaba más firme, con esa mezcla de arrogancia y lentitud que usa cuando quiere convencerme de que está perfecto, aunque yo sé que todavía le duele un poco. Pero no dije nada. Me limité a entrelazar nuestros dedos y a apoyar la cabe