Pasaron los días desde que Asher y su Ayudante dijeron todo lo que Bastien necesitaba saber, ahora la mansión De Filippi estaba en completo silencio.
Solo el tic-tac del viejo reloj de pie rompía la quietud.
La noche afuera era oscura, densa, como si el mismo cielo hubiera retenido la respiración.
Bastien estaba sentado en su despacho, frente a una larga mesa de roble.
Su laptop abierta, las pantallas mostrando mapas, coordenadas, rostros.
Cada nombre que John Asher había revelado…
Cada rata oc