LUCIEN MORETTI
Estábamos en la sala, los últimos minutos antes de que Asher y Clarita se subieran al coche rumbo al aeropuerto. La casa estaba llena de risas, la sensación de despedida rondando en el aire, pero no en una forma triste, sino más bien cálida, amistosa. Clarita y Asher se habían integrado tan bien al círculo que ya era casi como si fueran parte de la familia desde siempre, de esas personas que no necesitas conocer mucho tiempo para saber que siempre estarán ahí.
Asher, con su sonris