LUCIEN MORETTI
El sonido del mar fue lo primero que escuché.
Ese vaivén constante de las olas rompiendo suave contra la orilla, como si el universo respirara con calma por primera vez en años. Abrí los ojos lentamente, sin moverme. Había algo en ese instante que no quería romper.
La luz del amanecer se filtraba entre las cortinas blancas, tiñendo la habitación de un dorado cálido. Afuera, todo estaba en paz. Adentro… también.
Addy dormía acurrucada contra mi pecho, una de sus piernas cruzada so