Ahora sí… éramos uno.
KIARA DE SANTIS
El ascensor subía lento, como si el mundo quisiera alargar ese momento.
A mi lado, Noah tenía una mano apoyada en mi cintura, discreto pero firme.
Sabía que su departamento estaba vacío esa noche.
Mily se había ido a pasar el fin de semana con Paolo, y eso significaba algo muy claro:
Teníamos el lugar solo para nosotros solos y yo lo iba a aprovechar al máximo.
Entramos al departamento, y la luz suave del atardecer teñía todo de dorado.
Noah dejó las llaves en la entrada, se