LUCIEN MORETTI
El jardín estaba quieto, iluminado apenas por la luna que se colaba entre las ramas de los árboles. Me dejé caer en la hamaca, buscando un respiro. El vaivén lento era lo único que parecía calmar el caos de mi mente. Miraba el cielo, oscuro y despejado, y me preguntaba cómo algo tan inmenso podía permanecer en paz mientras en la tierra todo era guerra.
Suspiré, llevándome una mano al rostro. La decisión que tenía delante me quemaba por dentro.
De pronto, la hamaca se hundió a mi