El regreso a la mansión desde Palermo fue en silencio.
Para Chiara, sentir los labios de Adriano había sido una de las cosas más hermosas del mundo. Nunca la habían besado con tal pasión, y eso le gustaba. Eran muchas sensaciones hermosas: desde deseo hasta amor.
—¿¿Amor?? —su voz interior le preguntó, intrigada.
—Sí —respondió ella.
En verdad comenzaba a amar al Don. A Don Adriano... o simplemente Adriano, como él mismo le había pedido que lo llamara horas antes. Era una sensación hermosa.
El