La noche.
La casa de seguridad estaba rodeada de colinas y árboles altos. El aire olía a madera vieja, a tranquilidad, y a secretos bien guardados. Adriano abrió la puerta con una llave oxidada que parecía no haber sido usada en años. Chiara entró detrás de él, observando todo con la curiosidad de quien pisa tierra nueva. A pesar de la situación, había en ella una calma serena, como si supiera que estaba en el lugar correcto, con la persona correcta.
La casa era sencilla pero acogedora: muebles antiguos,