A la mañana siguiente, Chiara despertó y notó de inmediato la ausencia de Adriano. Él había salido antes del amanecer, como solía hacer cuando los asuntos de la familia lo reclamaban. Ella, en cambio, tenía un propósito diferente para ese día: regresar al paraje prohibido y desenterrar aquello que la inquietaba, ese pequeño cuadrado de oro que había descubierto, y que la llamaba con un peso misterioso.
Las caballerizas estaban silenciosas, envueltas en la calma de la madrugada. Aldebarán, su he