Antonia tomó la mano de Noah
Alejandro vio cómo los dedos de ella se entrelazaban con los de Noah, cómo el niño se calmaba en sus brazos, cómo ella se alejaba de él con pasos que no temblaban.
—Si te vas con él —dijo, con la voz ronca—, no sé si vas a volver.
—Si me quedo acá, sé que no voy a volver a ser quien era.
Salió. Noah cerró la puerta detrás de ella, dejando a Alejandro solo en el recibidor vacío, con el sobre abierto sobre la mesa, con los números mirándolo desde el papel, con la ver