Una semana después de la llegada de Camila, Antonia comenzó a notar pequeños cambios que nadie más parecía ver.
No estaba en la mansión, no veía a Camila ni a Alejandro, pero los informes de Caleb habían dejado de ser escuetos para volverse elogiosos. «Camila organizó el archivo de medicamentos. Alejandro bajó los temblores. Tobías ganó peso.» Cada línea era una celebración disfrazada de informe técnico. Y cuanto más leía Antonia, más se le crispaba el estómago.
Esa tarde, mientras Nael dormía