Los días en la mansión comenzaron a transcurrir con una calma que Alejandro no experimentaba desde antes de la guerra contra la Red. Camila se había instalado en una habitación del ala este, cerca de la nursery de Tobías, y desde el primer momento se había hecho cargo de todo con una eficiencia que rozaba lo quirúrgico. Las mañanas comenzaban con el biberón preparado a las siete en punto, la medicación de Alejandro dispuesta sobre la mesa del comedor junto al desayuno, y las sábanas del niño ca