El laboratorio de la Red estaba en el subsuelo de un edificio que no tenía nombre en la puerta.
Antonia bajó las escaleras con el niño en brazos, sintiendo sus dedos enredados en su vestido, su respiración cálida contra su cuello. No había vuelto a dormir desde que salió de la mansión. Cada vez que cerraba los ojos, veía los resultados. «99.97%.» Cada vez que los abría, veía la cara de Alejandro negándolo todo.
Elena las esperaba al final del pasillo. Detrás de ella, un hombre de bata blanca or