El aire en la casa de seguridad era denso, cargado de una calma artificial que a Antonia le resultaba irritante. Desde que habían regresado del valle, el ambiente se sentía como una estructura a punto de colapsar. Noah se movía por la casa con una eficiencia silenciosa, coordinando suministros y perímetros de seguridad, pero sus ojos evitaban los de ella.
Antonia permanecía sentada frente a la ventana, observando cómo la nieve caía sobre los viñedos secos. En su mente, una imagen se repetía en