La atmósfera en la casa de seguridad se había vuelto irrespirable. Tras el descubrimiento de Alejandro en el ala médica, el silencio que se instaló entre Noah y Antonia no era de paz, sino de devastación. Antonia permanecía en la habitación subterránea, sentada en una silla metálica al lado de la cama de Alejandro. Noah, por su parte, se había recluido en el despacho del segundo piso, rodeado de monitores y planos, pero con la mente a miles de kilómetros de cualquier estrategia militar.
Las pal