Capítulo 38: ¿Cacería?

Desperté antes que Gamaliel.

No fue el sonido del bosque ni el cambio en el aire lo que me hizo abrir los ojos.

Fue su olor y su esencia, lo que hacía estragos en mi mente, y no entendía el motivo.

Aquella sensación estaba ahí, inmediata, imposible de ignorar. Como un hilo tenso que me unía a su presencia, incluso antes de mirarlo.

Giré apenas el rostro.

Gamaliel seguía dormido, recostado contra el asiento, con la respiración profunda pero inestable, como si incluso en sueños algo dentro de él
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