La furia impregnaba el aire sureño
El Alfa de la manada del sur recorrió el refugio improvisado con pasos lentos, tensos, mientras el silencio se mantenía pesado alrededor de la cuadrilla reunida. Nadie se atrevía a hablar primero.
Habían fallado.
Y todos lo sabían.
Eran culpables de que Gamaliel, el verdadero heredero, siguiera respirando. Arriesgando así todo lo que se había construido, pues la profecía era clara.
Él rompería todos los tronos.
—¿Cómo dejaron que eso pasara? —gruñó el Alfa f