Lo supe antes de que alguien lo dijera.
No fue una voz, ni un mensaje.
Fue algo más profundo. Un tirón en el pecho que llevaba años sintiendo cada vez que pensaba en ella.
En aquella loba blanca que me había robado el corazón hace tantos años atrás.
Me detuve en seco en medio del territorio, con la mirada fija en la nada mientras el resto del mundo parecía seguir su curso sin notar nada.
Pero yo sí.
Mi hijo estaba vivo.
Y el gran amor de mi vida había muerto en mis brazos.
Apreté la mandíbul