El pantano quedó atrás, pero no su olor.
Seguía pegado a mi piel, a mi ropa, a mi respiración. Como un recordatorio constante de lo que había dejado atrás y de la promesa que había hecho para encontrar al verdadero heredero.
Avancé con seguridad hasta que el terreno empezó a cambiar.
La tierra blanda se transformó en caminos más firmes. Los árboles se volvieron escasos. Y el aire tomó un aroma diferente.
Más seco, más contaminado, más humano.
Me detuve al borde de la ciudad. Nunca me acostu