—¡Vamos, Miel! Es por tu bien.
Gruñí por instinto y le mostré mis colmillos afilados.
Fahra soltó una risotada, completamente divertida con el tormento que estaba ejerciendo conmigo.
—Definitivamente esto va a ser más difícil de lo que pensé —susurró.
—¿Esto es totalmente necesario? —pregunté, arrugando las cejas al ver mi reflejo.
Mi prima me había llevado hasta su casa, donde comenzó con lo que llamó una sesión de belleza de emergencia.
Y, por lo visto, era una tortura perfectamente planifica