Intenté concentrarme en la conversación, en las cifras que uno de los inversionistas explicaba con entusiasmo, pero las palabras se mezclaban en mi cabeza como un murmullo distante.
Me sentía completamente desconectado del exterior. Entonces, volvió a ocurrir: un sonido lejano, apenas perceptible entre la música del bar. Un aullido. Esta vez no tuve dudas, era demasiado claro.
El vaso se detuvo a medio camino entre la mesa y mis labios mientras mis sentidos parecían agudizarse de golpe. Podía