Sophie inclinó ligeramente la cabeza, estudiándome con una sonrisa divertida.
—Sigues haciendo esa cara cuando algo te incomoda —comentó—. Pensé que ya lo habrías superado.
No respondí, pues mi atención estaba en otra parte. El aullido todavía parecía vibrar dentro de mi pecho y algo en mi interior se agitaba con una intensidad que no lograba explicar.
—¿Estás bien? —preguntó ella entonces, frunciendo ligeramente el ceño.
—Sí. Estoy perfectamente —mentí.
El aire frío de la noche ya no me result