— Anthony.
Gabriel se acerca un costos Bentley, toca la ventana llamando la atención de la persona que está afentro. Alexandra jadea de la impresión.
Un hombre vestido de traje sale del auto luciendo serio y calculador.
— ¿Señor? — Anthony hablo con una voz varonil.
Gabriel miró a Alexandra.
— Dame la llaves de Blacky Betty.
Alexandra tardó apenas un segundo en reaccionar. Tragó saliva, aún sorprendida por la escena, y sacó las llaves de Black Betty de su bolso.
—Gabriel… —murmuró, dudosa.
Él le sostuvo la mirada, firme, sin dureza pero sin espacio para réplica.
—Dámelas, princesita.
Alexandra suspiró y colocó las llaves en su mano. Gabriel las tomó y se giró hacia el hombre del Bentley.
—Anthony —dijo con tono seco—. Ve por mi auto. Llévalo al circo y asegúrate de que nadie haga preguntas.
Anthony asintió de inmediato, como si aquello fuera parte de una rutina que conocía bien.
—Sí, señor.
Gabriel le entregó las llaves de Black Betty y Anthony no perdió tiempo: rodeó el Bentley, s