Gabriel soltó un suspiro, el pensaba que así era mejor, después de todo la separación iba a ser inminente.
— No entiendo porque tenemos que discutir acerca de esto si sabemos que pronto terminará. — Gabriel se reclinó sobre la silla. — ¿Que tal si llevamos la fiesta en paz? Nos divertimos muchísimo más cuando unos unimos.
Alexandra lo miró en silencio. Durante unos segundos no dijo nada, solo lo observó como si intentara descifrarlo una vez más, como si aún quedara algo nuevo por entender en él.
Pero entonces, casi de inmediato, su mano fue instintivamente hacia su vientre.
La criatura que llevaba dentro.
Un pensamiento silencioso, pesado, inevitable.
No puedo.
No de esa forma.
No fingiendo ligereza cuando dentro de ella todo estaba cambiando.
Sabía que “llevar la fiesta en paz” significaba risas forzadas, besos sin futuro, caricias que prometían nada. Y por primera vez, eso le parecía imposible. No cuando había algo creciendo en su interior que no entendía de contratos ni de fechas