— Deja de ser tan atento conmigo. — dijo Alexandra mientras se removía en su asiento.
— Te mereces esto y mucho más y deberías acostumbrarte. — Gabriel le sonríe.
Una corriente recorrió el cuerpo de Alexandra al verlo sonreír de esa forma, le hacía sentir que todo lo que vivió fue una pesadilla y por fin se había levantado de aquella pesadilla.
Gabriel no era un mal hombre, es alguien que pasó por situaciones difíciles que lo llevaron a ser como es, pero ella sabía que en el fondo de su corazón, perdonarlo significaba no volver a ser ella misma, debía buscar y labrar su propio camino. Pero sentía que algo la ataba y la atrajo aún más a Gabriel como un cometa a un planeta.
— ¡Alexandra! — Su mirada se posó en Gabriel y frunció el entrecejo.
— ¿Por qué me gritas? — Pregunto confundida.
— Porque por un momento te quedaste mirando al horizonte y no me respondías.
— Lo siento, solo estaba pensando un poco y disocie.
— ¿Te estoy abrumando?
Alexandra suelta un suspiro.
— Un poco. —