— Me da dos docenas de rosas por favor. — dijo Gabriel.
El estaba caminando por el pequeño mercadillo, tenía planeado comprarle mucha comida a Alexandra para que siempre tuviese la nevera llena para que su hijo crezca fuerte y sano.
El florista envolvió las rosas con cuidado y se las entregó. Gabriel las tomó y continuó su recorrido por el mercadillo. Pasó por el puesto de frutas, eligió manzanas verdes, peras, fresas firmes; luego verduras recién cosechadas, pan integral, huevos, leche. Nada