El sol se asomó tímidamente por la ventana. La mañana era fría, pero dentro del departamento de Alexandra se vivía una escena que ninguno de los dos creyó posible después de todo lo ocurrido.
Alexandra dormía profundamente sobre el pecho de Gabriel. Su respiración era tranquila, acompasada, mientras él acariciaba con lentitud su cabello, deslizando los dedos entre los mechones como si temiera que aquel momento se rompiera si se movía demasiado. No pensaba, no analizaba; simplemente estaba ahí,