— Hola. — dijo Gabriel con una voz gélida.
Ella se quedó inmóvil y sin decir nada, Pero sus ojos hablaban por sí solos, porque justo lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas.
— Princesita no llores. — Gabriel se intenta acercar, pero ella da un paso atrás.
— Vete. — dijo Alexandra.
— Prince…
— ¡No me llames así! — Exclamó Alexandra con frustración.
Gabriel apretó la mandíbula. El silencio entre ambos era pesado, incómodo, como si el aire se hubiera vuelto más denso.
—Está bien —dijo a