Mark soltó una exhalación lenta, como si estuviera acomodando las piezas en su cabeza antes de hablar. Luego se sentó frente a ella, apoyando los codos en las rodillas.
—Voy a decirte algo y quiero que lo escuches bien —dijo con calma—. Yo voy a apoyarte en todo, Alexandra. En todo. No me importa que Gabriel haya aparecido de la nada ni el drama que cargue consigo.
Ella alzó la mirada.
—Mark…
—Déjame terminar —la detuvo con suavidad—. Nosotros no tenemos una relación. Nunca la hemos tenido. Somos amigos. Amigos que se cuidan. Y eso no cambia porque él vuelva a cruzarse en tu camino.
Alexandra apretó los labios. La tensión seguía ahí, latiendo.
—Has estado conmigo en cada náusea, cada mareo, cada noche en la que pensé que no podía sola —murmuró.
—Y voy a seguir estándolo —respondió él sin dudar—. El embarazo no es algo que tengas que atravesar en soledad solo porque el padre decidió no hacerse cargo.
Hubo un breve silencio.
—Además —añadió Mark, cambiando un poco el tono—, hoy tenemos