El último show terminó. Alexandra se dejó caer sobre la cama de la caravana, estirando los pies adoloridos y soltando un largo suspiro. Sus mejillas dolían de tanto sonreír, pero la sensación que la recorría era extrañamente satisfactoria.
—Si alguien me hubiera dicho hace unas semanas que iba a vender tickets en un circo… jamás lo habría creído —murmuró, acariciándose las piernas cansadas.
El silencio de la caravana se vio interrumpido por el chirrido de la puerta. Gabriel entró, aún vestido c