Eran exactamente las 3 de la mañana cuando el teléfono de Alexandra sonó, al mirar el identificador sus ojos se inundaron de lágrimas. Y durante toda la madrugada lloro hasta que el reloj marco las 6
A las seis en punto, cuando el cielo comenzaba a aclararse con un tono grisáceo, Alexandra se incorporó lentamente en la cama. Tenía los ojos hinchados, las ojeras marcadas y la cabeza pesada, como si cada pensamiento hubiese pasado la noche golpeándole el pecho. Se miró en el pequeño espejo del ba