Gabriel caminó tambaleante hacia la caravana, en su mano llevaba una botella de Jack Daniels, no había querido ver a Alexandra en todo el día, se sentía traicionado y lleno de rabia. Pero ya era momento de volver a aquella caravana.
Entró y encontró todo oscuro, ni siquiera se escuchaba el sonido del abanico que Alexandra Solía encendía en la noche por el calor.
Encendió la luz y no la vio.
— ¿Princesita?
No hubo respuesta, caminó tambaleante hasta la habitación y ella no estaba allí, miró e