Llegamos a la entrada de una cueva oscura que me rezaba los vellos de la piel, justo donde el río se volvía más turbulento y ruidoso.
Tragué saliva con dificultad, el ambiente era aterrador y pesado en ese lugar. A pesar de que estábamos a pleno mediodía y el sol debería estar en su punto más alto, la luz se negaba a penetrar más allá de unos pocos metros.
—Hey, ¿estás bien? —La voz de Seth rompió el hilo de mis pensamientos.
Sentí su mano cálida y pesada sobre mi hombro, me devolvió a la rea