El silencio de mi interior era aterrador. Por más que apretaba los párpados y suplicaba en mi mente, no sentía ese calor divino, solo escuchaba el latido desbocado de mi propio corazón y el sonido de las garras de la bestia arañando la piedra mientras se acercaba a Seth.
—No te pongas nerviosa —murmuró Lysandra—. Tienes que creer en ti misma y en lo que llevas dentro. Imagina que llevas una bomba en tu centro, Eloise, solo debes encontrar la mecha y hacer que explote.
Agradecía el gesto, de v