—¡Dante! —mi grito rasgó el aire mientras corría hacia el lugar donde Dante había caído.
El muro de piedra estaba hecho añicos. Dante yacía entre los escombros y su cuerpo no tenía fuerzas ni para mantener la transformación. Me arrodillé a su lado, ignorando el polvo que me nublaba la vista.
—¿Eres tonto? —le dije, y mi voz temblaba entre rabia y miedo—. Sabes perfectamente que los exploradores no tienen suficiente poder para un combate directo contra una bruja de ese nivel. ¡Te ha destroza