El tiempo se fragmentó. Mientras el acero de la espada de Magnus descendía con lentitud hacia el cuello de Lilia, supe que el momento de las dudas había muerto.
Ya no había espacio para la omega asustada que se escondía en los rincones de la manada. Las lecciones de Lysandra, sus gritos sobre el control y la canalización de la energía se aglomeraron en mi mente como un coro. Recordé cada técnica para mantener a raya el flujo salvaje de mi poder.
Aunque no había despertado por completo, la dese