Llegamos al pueblo bajo un cielo que empezaba a teñirse de tonos oscuros y naranja. Fuimos recibidos por David, quien nos esperaba en la entrada principal con los brazos cruzados y una expresión de incredulidad.
—Wow, ¿ella es…? —David no terminó la frase, pero sus ojos estaban fijos en Lysandra, quien caminaba con elegancia.
—Sí, una bruja —respondió ella con naturalidad—. ¿Crees que este pueblo se pondrá en contra de que esté aquí?
David se rascó la nuca, mirando de reojo a un par de miem