Lo escupí sin dudar, quise tirarle todo el veneno que había acumulado durante meses. No me importaba Magnus, ni su corona, ni su linaje. Todo lo que alguna vez sentí por él se había transformado en un odio puro, denso y oscuro.
En ese momento, solo sentía unas ganas feroces de matarlo, de clavar mis dedos en su garganta y acabar de una vez por todas con el sufrimiento que sus caprichos le habían causado al bosque y a mi gente.
Él era el asesino de mi madre. Ese imbécil le quitó la vida a mucho