Partimos del pueblo al amanecer. El primer día de viaje fue extenuante porque Zain nos guió por caminos ocultos, evitando algunas patrullas de la manada enemiga.
Al caer la noche, cuando el cansancio ya empezaba a molestar en nuestros músculos, nos detuvimos para armar un mini campamento y dormir.
Todo a nuestro alrededor estaba cubierto de nieve y por un segundo creí que nos congelaría hasta los huesos, pero por suerte, Zain logró encender una fogata que nos mantenía calientes.
—He prepara