Me encontraba recostada en una de las camillas de la enfermería, sintiendo cómo el calor de las sábanas blancas me ayudaba a calmar mi respiración.
Maribel había logrado cerrar los rasguños y moretones que Morgana me había dejado, gracias a su magia curativa. El alivio físico era inmenso.
—No tienes idea de lo preocupada que estaba cuando Dante se percató de que algo iba mal... Sintió que había una presencia oscura, una bruja en el pueblo —comentó Maribel, ajustando el vendaje en mi brazo con