Narrado por Zoé.
Me desperté con un grito atorado en la garganta y un dolor infernal. Era como si mi sangre se hubiera convertido en ácido o como si me estuviera quemando viva desde el centro de mis huesos.
—¡Ah! ¡Mamá! ¡Ayúdame, por favor! —gemí, tratando de moverme, pero cada músculo protestaba.
—Cállate de una vez. Te estoy curando las heridas con lo poco que me queda de energía, ¿no ves? —escupió ella, con frialdad.
Empecé a llorar, sollozando con una desesperación que me desgarraba el